¿Me enamoré viajando o me enamoré de viajar?

Cuando era pequeño, hacíamos viajes ocasionales junto con mis padres y hermano. En verano nos mudamos a Pucusana (Un balneario que se encuentra a 60km al sur de Lima, en el Perú.) En el día jugábamos con la arena y en la tarde noche caminábamos por el malecón, escuchando el rugido del mar.

Tuve la oportunidad de conocer la costa, sierra y selva de mi país. Disfrutando en familia, compartiendo lo que íbamos descubriendo.

Los años pasaron y cada vez se hacía más difícil el poder coincidir en fechas para poder viajar. La universidad y el trabajo ocupaban todo mi tiempo. Mi espíritu viajero decaía y la necesidad de estudiar y formar un futuro profesional se volvía más urgente.

En el 2010 fui a Argentina por 6 días, conocer un nuevo país siempre será algo muy emocionante. Tan emocionante como ir al trabajo el mismo día que regresaba a Lima. No dormir, sumado a un viaje de varias horas y estar nuevamente en una oficina es definitivamente una mala combinación.

“Hasta que te conocí…” (Como dice la canción de Juan Gabriel) Me enamoré y decidimos hacer nuestro primer periplo juntos. Ella no conocía Argentina y quería ir. Por lo que fungí de guía. Fueron 6 o 7 días de viaje donde conocimos 4 países. El romanticismo de Buenos Aires (Argentina), la mística de Colonia (Uruguay), la adrenalina en Iguazú (Brasil) y la necesidad de conocer más en Ciudad del Este (Paraguay).

De pronto todo cambió, ya no éramos los mismos. Queríamos conocer más y más y más.

Mi chip viajero se encendió y además me casé con mi compañera de viaje. Haciendo un paralelo, ahora vivo lo mismo que viví de niño cuando viajábamos con mis padres. Solo que ahora con mi nueva familia, mi esposa.

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Publicado en Editorial.

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